la vuelta de berlín
Salí de la casa casi demasiado tarde. Este minuto más de despedida es màs importante.
No problema, el autobús de la primera etapa al aeropuerto tuve retraso. En la parada la típica mezcla de noctámbulos en el centro de la ciudad. Al dentro del bús más de ellos. Alas, era la noche de jueves, también conocido cómo el pequeño viernes. Me acuerdo del tiempo cuándo teníamos que entrar al bús por la puerta delante y podrías romper la cara de mala leche del conductor con un amable (pero no alegre!) "Guten Morgen". Aunque era a las dos de la noche.
Hermannplatz. Transbordo de autobús. El Döner en la planta baja del Karstadt todavía está. Todavía lleno de gente a estas horas de cuatro de la madrugada. Memorias guapas. Tres más esperaron al mismo autobús que yo. Siempre un momento de reaseguro que todo va bién. Hasta el primero miró a su reloj y se fui andando. Hasta la pareja con maletas escribió algo en su movil. Hasta el "fuck!" del conocimiento caió. Claro, el retraso del primer autobús. El segundo ya salió. Mierda. Solo dos horas hasta el boarding empezaría. Rápido, rápido, alternativas. Menos mal, la siguiente metro va en unos minutos. Cuándo salirá el bús al aeropuerto desde la última parada? Todo salirá bién? No es tiempo para dudar. Rápido, rápido. Empezé a cruzar la calle cuándo vi esta pareja con maletas poniendo sus cosas en un Uber. Pura desesperación me hace llamar a elles. "Estáis yiendo al aeropuerto? Puedo ir con vosotros? Compartimos el viaje?“ Me han dejado. El conductor puso en palabras lo que sentí yo: "Que suerte tienes, no!" Que sí, que suerte. Resulta, que al final no solo llegué al aeropuerto mucho más pronto que en autobús, sino también sin coste adicional. „No te preocupes. lo pagamos así o así.“ Ojala pueda dar adelante el favor en algún momento. Eternal gratitude to the two of you, wherever you are.
El aeropuerto de Berlin-Brandenburg. Mi primera salida desde allí. 12 años más tarde de lo esperado. Cuándo estuve en Nueva Zelandia por un año de work & travel pensaba que volvería al nueve aeropurto. Pues no. Volví a Tegel, còmo siempre en los años antes y después. Vale, ahora el BER. Solo he oído cosas malas sobre este aeropuerto. Grande, confundiendo, no encuentras nada. Os acordáis que antes estuve super nerviosa cuándo ya salió el autobús. Pues eso, tiene mucho que ver con estas historias. Pero, respirar. No solo tuve más tiempo que planeado, me enorgullezco en orientarme muy rápido en situaciones así, transporte público en ciudades grandes, estaciones enormes con un monton de plataformas, sitios así. No sé qué es, lo más caos en un sitio, le mejor mi foco.
El avión para a su puerta de embarque. Ahora pasa el momento más lindo. Un momento que restituye la confianza en el bueno de la humanidad. La mayoría queda sentado. Todos los pasajeros tan calma. Los que se levantan, lo hacen sin prisa. Se nota que solo quieren mover sus piernas. Nada de empujar, nada de mal rollo.
Madrid. Cinco horas de cambio. Pensaba de irme a la ciudad. Nunca la he visto. Pero 36 grados al mediodía me dieron zero ganas. Me busqué una esquina tranquila. Hubo un tele mostrando los finales de 3m sincro mixto. Dos madres y sus hijas comentaron los saltos con mucho gusto. Llamó mi atención que hubo un equipo de Corea del Norte en el sincro. No me acuerdo de haber visto eso en muchos años en cualquier deporte.